Un hígado guerrero

Por Torosaurio | Esto No Está Chequeado | Ilustración: Digital Snatch | #FiccionesEzeicenses


El lunes me fui a tomar unos mates con Enrique Coronel a la nueva sede de su ferretería Tomasyto ubicada en Pravaz 241. Quería hacerle una nota sobre su mudanza, pero apenas me vio me dijo que tenía una historia para Esto no está chequeado.
―Tomá nota, Torosaurio ―me indicó, mientras acomodaba la yerba―. Esto le sucedió a un cliente, Emilio, fanático del asado, el vino y la noche. Hace dos meses se retiró de la joda y empezó a comer sano para darle un descanso al cuerpo. 
—Eso es una buena noticia —comenté, lapicera y libreta en mano.
—No tanto —prosiguió Enrique—. La semana pasada vino todo pálido al negocio. Desde hacía quince días, estaba con un mefistofélico ataque al hígado. Había visitado tres médicos. Ninguno le encontró la vuelta. Le dije que mejor probáramos con una consulta espiritual. Contacté a Zulema Gianegra, maestra de plástica amateur y tarotista diplomada. Zulema cayó urgente a la ferretería y revisó a Emilio. Después lo hipnotizó y recitó una oración en un idioma que yo desconocía. Sobre Emilio se manifestó una imagen difusa. Era un hígado con pies y manos, envuelto en una armadura medieval. Zulema le preguntó a la aparición por la salud de Emilio. El hígado contestó que él es un guerrero acostumbrado a dar batalla. Al no tener contra qué pelear, entró en una crisis existencial y le reventó el sistema digestivo a su portador. Zulema le prometió convencer a Emilio de que vuelva a la comida combatiente. Las vísceras se difuminaron. Zulema despertó al dolido y le explicó la situación. Emilio fue a una parrilla y se clavó una rueda de chorizos bañada en chimichurri. Su salud se restableció. Ahora alterna la joda con comida sana en dosis no dañinas. Hagámosle caso a Zulema, Torosaurio: abandonar la farra de un día para el otro es mortal.
Volví a la oficina de La Palabra sin la nota de la mudanza, que haré en otra ocasión. Al ver a los demás miembros del staff almorzando ensaladita, escapé a la rotisería. Regresé con una milanesa a la napolitana con fritas, que bajé con Manaos de uva. De postre comí flan con dulce de leche y crema. Continué trabajando con mucho sueño y la convicción de que conviene de vez en cuando desbarrancar digestivamente. Todo sea por la salud.

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