Ya puede conseguirse en todos los kioscos de diarios y revistas del distrito de Ezeiza (Barrio Uno, Canning, José María Ezeiza, Tristán Suárez y Carlos Spegazzini) la edición papel Nº 1622 del semanario La Palabra de Ezeiza del jueves 12 de marzo 2026. Valor: $700.
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Nueva edición | 12-03-26
El loro de Nélida Galán
—A la generación del colorado careta le sobraban chumbos pero le faltaba doctrina —se quejaba Nélida.
Las reuniones en la Camporita comenzaban con Nélida cantando el tango “La descamisada” y proseguían con ella misma cuestionando cada iniciativa de Vásquez. Tanto era el odio de la militante que se lo había transmitido a su loro paraguayo, quien solía volar hasta Camporita para gritarle a Vásquez: “¡Colorado careta! ¡Colorado careta!”
Vásquez fantaseaba con balear a Nélida y al loro. Se frenaba repitiéndose que “dos hermanos no debían enfrentarse”.
—Aunque sea por la reconciliación nacional —decía.
Nélida falleció de un infarto a mediados de junio. Vásquez convocó a un acto en su homenaje y el 20 de julio la Camporita se llenó de militantes compungidos. El secretario Vásquez subió al estrado. No llegó a arrancar con su emocionante discurso que el loro entró por una ventana y se plantó ante el micrófono. Con el público pasmado, el loro entonó las estrofas de “La descamisada”. Ni Vásquez logró contener las lágrimas. Cada nota del tango recordaba a la militante. Esa canción era su despedida. El tango culminó con un aplauso. El loro giró hacia un lacrimógeno Vásquez.
—¡Colorado careta! —lo increpó.
Vásquez trastocó emoción por furia y se arrojó sobre el pájaro, que lo esquivó. El secretario general quedó desparramado en el piso, observando impotente cómo el loro escapaba por la ventana.
—¡Colorado careta! —repitió el ave en el exterior.
Vásquez sigue yendo hoy a la Camporita, donde asesora a jóvenes militantes y da charlas. No habla de lo ocurrido en 1994. Sin embargo, a veces, de madrugada, una voz llegada desde la ventana de su habitación lo devuelve al pasado:
—¡Colorado careta! ¡Colorado careta!
Esto No Está Chequeado | Sección no basada en hechos reales | Cualquier semejanza con la realidad es mala puntería | Contacto: ezeizaediciones@yahoo.com.ar
Nueva edición | 05-03-26
Ya puede conseguirse en todos los kioscos de diarios y revistas del distrito de Ezeiza (Barrio Uno, Canning, José María Ezeiza, Tristán Suárez y Carlos Spegazzini) la edición papel Nº 1621 del semanario La Palabra de Ezeiza del jueves 5 de marzo 2026. Valor: $700.
La puerta muerta
Con veintitantos años y recién graduado, Kevin estaba comenzando su carrera laboral con grandes expectativas y excelentes promedios. Tenía una buena familia y una vida social activa. Era querido por todos y contaba con un amplio círculo de amigos. No había nada fuera de lo convencional o cercano a lo trágico, y no había presión alguna sobre su vida. Sin embargo, Kevin no era feliz, aunque no sabía el porqué ni cómo poner su desazón en palabras, dentro de un marco teórico que coincidiera con la lógica y la razón.
Aguardó unos cinco minutos a su pareja, Delfina, en la entrada del Club Tristán Suárez. Ella los había anotado a ambos para hacer natación. Después de saludar a varias personas, sonriendo para guardar las apariencias, entró a los baños para prepararse. Aprovechó el ruido del agua de la ducha y la intimidad para llorar. Al salir, vio a un señor mayor.
—Buenos días, joven, no se ve usted muy bien —dijo el anciano sin mirarlo.
—Hola, el agua está un poco fría, tenga cuidado —respondió Kevin en automático, mientras se refregaba la cara más de lo necesario con su toalla para disimular los ojos hinchados.
—Gracias por el aviso. No voy a usarla. Me preparo para entrar en la puerta muerta.
Kevin se quedó parado, observando al anciano, quien señaló hacia el fondo. Desgastada, sin manija y con mucho óxido, la última puerta evidenciaba no haberse usado ni reparado por mucho tiempo.
El anciano se puso de pie y caminó a pasos lentos. Antes de cruzar la desusada entrada, dijo:
—Estaba esperando que salieras. Para que funcione, alguien más tiene que saber sobre su existencia. No duele. No hay regreso, es como ir a dormir.
Sin entender del todo lo que sucedía, Kevin se quedó curioso. Fue hasta la puerta y, al abrirla, no había nada: solo un cuartito vacío sin puertas ni ventanas. Aceptando lo que sugería la situación, Kevin pensó que no estaría mal terminar con su inexplicable sufrimiento y toda su gran mentira. “No duele” quedó como un eco en el húmedo baño del natatorio. “Para que funcione, alguien más tiene que saber sobre su existencia”.
Acompañado por un lúgubre silencio interrumpido por tímidas gotas rompiéndose en el suelo, Kevin volvió a sentarse en los bancos del vestuario.
Esperando.
(*)Coordinador del Taller de Escritura y Literatura de la Municipalidad de Ezeiza.
Nueva edición | 26-02-26
Ya puede conseguirse en todos los kioscos de diarios y revistas del distrito de Ezeiza (Barrio Uno, Canning, José María Ezeiza, Tristán Suárez y Carlos Spegazzini) la edición papel Nº 1620 del semanario La Palabra de Ezeiza del jueves 26 de febrero de 2026. Valor: $700.
La historia de Eladio Osman
—Eladio Osman fue un gran mago hasta que sufrió una maldición bien jodida. La manija lo hundió en la depresión y le causó la enemistad de muchos vecinos de Sol de Oro —dijo la Pirata Domínguez, en su última visita a La Palabra—. Picado por un mosquito que transportaba una sustancia milenaria, el tipo se convertía en una especie de antena que provocaba la desaparición de elementos a su alrededor los días de luna llena.
Con Torosaurio, Chaquetón y el Loco Renoldi no sabíamos si cerrarle la puerta de la redacción para siempre o reírnos del tremendo bolazo que habíamos escuchado. En la indecisión, nos quedamos mudos, mirándola como pavotes. La Pirata, parada en el marco de la entrada, siguió:
—Al principio nadie lo notó. Ni el propio Eladio. La primera luna llena se llevó un juego de llaves y un frasco de Arlistán. Eladio creyó haberlos perdido a causa de los tres litros de malbec que había tomado esa misma noche. En la segunda luna desaparecieron diez bicicletas en domicilios cercanos. En la tercera, se evaporó la máquina de cortar pasto del Zurdo, que le hacía el parque, y también el motor de agua de una maestra. Recién ahí Eladio ató cabos: el zumbido en los oídos desde que bajó la fiebre de la mordedura, la estática en la piel los días de luna llena y los objetos reapareciendo en sus pesadillas.
La Pirata hizo una pausa para darle intriga al asunto, esperando que le preguntáramos algo. Al ver nuestra apatía, agregó sola:
—Eladio empezó a encerrarse los días de luna llena, sumido en el miedo a que lo descubrieran. Chucherías y artículos de valor se perdían y, en el barrio, lo marcaron. Algunos decían que, como nadie lo contrataba, se estaba dedicando a la rapiña. Gianegra fue la primera que habló de la maldición del Mosquito Egipcio, enviado por algún ilusionista enemigo, y propuso un exorcismo urgente, pero nadie le hizo caso. Los chicos inventaron un juego: dejar latas o botellas cerca de la casa de Eladio y apostar cuáles sobrevivirían. Con el tiempo, nos habituamos a las pérdidas y hubo un período de calma.
—¿Cuándo ocurrió todo esto? —le pregunté, como para despedirla.
—Desde el 98 o el 99 hasta diciembre de 2001, cuando estalló la crisis. Me acuerdo perfecto: el 30 fue luna llena y, un poco alborotados por el clima de la época, fuimos con Gianegra y unos fomentistas a aplicarle el tratamiento. Cuando llegamos, donde se ubicaba su casa había un terreno baldío, colmado de pastizales.
El Loco Renoldi se subió a la moto al escuchar el desenlace del relato. Oímos el rugido del motor mientras huía. Chaquetón protestó: “¡¡Tendríamos que estar discutiendo sobre el cierre de fábricas, la reforma laboral, los despidos, la baja de salarios, el maltrato a los jubilados y el desfinanciamiento de la educación, la investigación y la salud, en vez de escuchar semejante estupidez!!”. Y se marchó en su bici. Torosaurio se metió en la oficina y puso en YouTube el disco Ácido argentino a todo volumen. Yo me quedé a su lado.
—Acuérdense —dijo la Pirata, a los gritos, compitiendo con la voz de Claudio O’Connor cantando “Vientos de poder”—. Nos acostumbramos a todo. Siempre. Hasta que, al final, las cosas terminan y nos queda la sensación de haber sido parte de un mal sueño o de un cuento un tanto destartalado.
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Nueva edición | 19-02-26
Ya puede conseguirse en todos los kioscos de diarios y revistas del distrito de Ezeiza (Barrio Uno, Canning, José María Ezeiza, Tristán Suárez y Carlos Spegazzini) la edición papel Nº 1619 del semanario La Palabra de Ezeiza del jueves 19 de febrero de 2026. Valor: $700.
El sexto sentido de Hugo
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