Por Torosaurio | Esto No Está Chequeado | Ilustración: Digital Snatch | #FiccionesEzeicenses
A comienzos de 1994, Rodrigo Vásquez asumió el secretariado general de la Unidad Básica Camporita, del barrio Tres Américas. Pelirrojo fuego, Vásquez había integrado la Juventud Peronista de los 70, donde fue clandestino y, durante la Masacre de Ezeiza, esquivó balas. Su conducción era resistida por Nélida Galán, cantante de tango y militante vandorista de la UOM en los años 60.
—A la generación del colorado careta le sobraban chumbos pero le faltaba doctrina —se quejaba Nélida.
Las reuniones en la Camporita comenzaban con Nélida cantando el tango “La descamisada” y proseguían con ella misma cuestionando cada iniciativa de Vásquez. Tanto era el odio de la militante que se lo había transmitido a su loro paraguayo, quien solía volar hasta Camporita para gritarle a Vásquez: “¡Colorado careta! ¡Colorado careta!”
Vásquez fantaseaba con balear a Nélida y al loro. Se frenaba repitiéndose que “dos hermanos no debían enfrentarse”.
—Aunque sea por la reconciliación nacional —decía.
Nélida falleció de un infarto a mediados de junio. Vásquez convocó a un acto en su homenaje y el 20 de julio la Camporita se llenó de militantes compungidos. El secretario Vásquez subió al estrado. No llegó a arrancar con su emocionante discurso que el loro entró por una ventana y se plantó ante el micrófono. Con el público pasmado, el loro entonó las estrofas de “La descamisada”. Ni Vásquez logró contener las lágrimas. Cada nota del tango recordaba a la militante. Esa canción era su despedida. El tango culminó con un aplauso. El loro giró hacia un lacrimógeno Vásquez.
—¡Colorado careta! —lo increpó.
Vásquez trastocó emoción por furia y se arrojó sobre el pájaro, que lo esquivó. El secretario general quedó desparramado en el piso, observando impotente cómo el loro escapaba por la ventana.
—¡Colorado careta! —repitió el ave en el exterior.
Vásquez sigue yendo hoy a la Camporita, donde asesora a jóvenes militantes y da charlas. No habla de lo ocurrido en 1994. Sin embargo, a veces, de madrugada, una voz llegada desde la ventana de su habitación lo devuelve al pasado:
—¡Colorado careta! ¡Colorado careta!
—A la generación del colorado careta le sobraban chumbos pero le faltaba doctrina —se quejaba Nélida.
Las reuniones en la Camporita comenzaban con Nélida cantando el tango “La descamisada” y proseguían con ella misma cuestionando cada iniciativa de Vásquez. Tanto era el odio de la militante que se lo había transmitido a su loro paraguayo, quien solía volar hasta Camporita para gritarle a Vásquez: “¡Colorado careta! ¡Colorado careta!”
Vásquez fantaseaba con balear a Nélida y al loro. Se frenaba repitiéndose que “dos hermanos no debían enfrentarse”.
—Aunque sea por la reconciliación nacional —decía.
Nélida falleció de un infarto a mediados de junio. Vásquez convocó a un acto en su homenaje y el 20 de julio la Camporita se llenó de militantes compungidos. El secretario Vásquez subió al estrado. No llegó a arrancar con su emocionante discurso que el loro entró por una ventana y se plantó ante el micrófono. Con el público pasmado, el loro entonó las estrofas de “La descamisada”. Ni Vásquez logró contener las lágrimas. Cada nota del tango recordaba a la militante. Esa canción era su despedida. El tango culminó con un aplauso. El loro giró hacia un lacrimógeno Vásquez.
—¡Colorado careta! —lo increpó.
Vásquez trastocó emoción por furia y se arrojó sobre el pájaro, que lo esquivó. El secretario general quedó desparramado en el piso, observando impotente cómo el loro escapaba por la ventana.
—¡Colorado careta! —repitió el ave en el exterior.
Vásquez sigue yendo hoy a la Camporita, donde asesora a jóvenes militantes y da charlas. No habla de lo ocurrido en 1994. Sin embargo, a veces, de madrugada, una voz llegada desde la ventana de su habitación lo devuelve al pasado:
—¡Colorado careta! ¡Colorado careta!
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