Por Míster Afro | Esto No Está Chequeado | Ilustración: Digital Snatch | #FiccionesEzeicenses
El otro día pasó por La Palabra el Pollo de Spegazzini para contarme que estuvo en una charla sobre Jorge Luis Borges, con motivo del Día del Lector. La fecha recuerda que el 24 de agosto de 1899 nació el célebre escritor. Justo en ese momento estaba el agente Frank Chino, quien —a partir de su admiración por Oku No Hosomichi (autor de Los haikus del tiempo)— ha comenzado a leer poesía con fervor.
—Analizamos el soneto “Buenos Aires, 1899”, que empieza así: “El aljibe. En el fondo la tortuga” —comentó el Pollo en la redacción.
—¡¡Qué interesante!! —intervino Frank, entrando en éxtasis—. ¡¡Qué maravilla!! Toda la poética concentrada en una línea: el aljibe tiene un fondo físico, oscuro, distante. La tortuga está abajo, pensando, enfrentando sus límites. Borges, genio, sitúa ese escenario en 1899, el año de su nacimiento, como si cada vida estuviera concentrada en un solo instante.
—El conferencista contó... —prosiguió el Pollo, pero el detective lo interrumpió, con los ojos desorbitados y la cara roja:
—La lentitud de la tortuga, puesta en un aljibe por Borges, se vuelve casi inmovilidad, o, tal vez, un atisbo de la inmortalidad.
—Claro, claro —dijo el Pollo, un poco mareado—. El conferencista contaba... —insistió, y Frank volvió a frenarlo:
—En la conocida fábula, la tortuga avanza lento y termina venciendo a la liebre por su perseverancia. Acá, en cambio, su movimiento parece suspendido. Podría sugerir una alegoría sobre la finitud de los humanos.
Nos quedamos mudos ante la exposición de Frank, hasta que me animé a preguntarle al Pollo:
—¿Y qué decía el conferencista?
—El verso evocaría una anécdota de su madre, doña Leonor. Ella contaba que en Buenos Aires, en cada aljibe, había una tortuga. En Montevideo se colocaban sapos. Era un método para asegurarse que el agua estuviese potable. Si los animales vivían, el agua era apta para el uso humano. Doña Leonor, que vivió hasta los 99 años, recomendaba el agua de tortuga para vivir mucho, y le contó a su hijo que en Buenos Aires, cuando alguien quería alquilar o comprar una casa, preguntaba: “¿El aljibe tiene tortuga?”. Y le decían: “Sí, señor, esté tranquilo”.
Obviando los dichos del Pollo, Frank dijo:
—La tortuga es un símbolo asociado a la longevidad y a la paciencia. —y, tras abrir la puerta y poner un pie en la vereda, agregó—: En este soneto, que los ignorantes nunca apreciarán en su total dimensión, Borges nos muestra el aljihe como un depósito de los siglos. Otra forma de decir que los hombres estamos destinados a perdernos en nuestro propio laberinto.
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