Ya puede conseguirse en todos los kioscos de diarios y revistas del distrito de Ezeiza (Barrio Uno, Canning, José María Ezeiza, Tristán Suárez y Carlos Spegazzini) la edición papel Nº 1607 del semanario La Palabra de Ezeiza del jueves 27 de noviembre de 2025. Valor: $700.
Blog | La Palabra de Ezeiza
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Nueva edición | 27-11-25
Los dos sastres
Uno le dijo al otro:
—¿Te vas de vacaciones este año?
—No —contestó el segundo tras un momento de reflexión.
Regresaron a su silencio. Más tarde, el segundo sastre dijo de repente:
—Fui de vacaciones hace veinte años.
—¿Fuiste de vacaciones hace veinte años? —preguntó el primero, muy sorprendido.
—Sí.
Entonces el primer sastre, que no recordaba ninguna ausencia de su compañero, le dijo:
—¿Adónde fuiste?
—A la India.
—¿A la India?
—Sí. Fui a cazar el tigre de Bengala.
—¡¿Vos fuiste a cazar el tigre de Bengala?!
Los dos hombres habían dejado de trabajar y se miraban. El segundo sastre, que parecía muy tranquilo, retomó la palabra para contar lo siguiente:
—Partí al alba sobre un magnífico elefante que un gran príncipe me había prestado. Armado con cuatro fusiles de culatas de plata y acompañado por una escolta de ojeadores, me aventuré en una montaña solitaria. De repente un tigre enorme se levantó rugiendo frente a mi montura, el tigre más grande que nunca se había visto en aquella región de Bengala. Mi elefante, asustado, se tiró para atrás, me caí en unos matorrales espinosos y el tigre se me echó encima y me devoró.
—¡¿Te devoró?! —preguntó el primer sastre, que había estado escuchando estupefacto.
—Me devoró… por completo, hasta el último pedazo de carne…
—Pero bueno… ¡ningún tigre te devoró! Acá te veo, ¡seguís vivo!
Entonces el segundo sastre retomó el hilo, retomó la aguja y le dijo al primero:
—¿A esto llamás vida?
Nueva edición | 20-11-25
Ya puede conseguirse en todos los kioscos de diarios y revistas del distrito de Ezeiza (Barrio Uno, Canning, José María Ezeiza, Tristán Suárez y Carlos Spegazzini) la edición papel Nº 1606 del semanario La Palabra de Ezeiza del jueves 20 de noviembre de 2025. Valor: $700.
Las personas de blanco
Cuestión que fui desarrollando un juego, un pasatiempo que no dura más que unos segundos: al pasar por la guardia, miro a las personas e invento el motivo por el cual están ahí. “Ese tipo tiene dolor estomacal”, pienso. “Esa que está sentada allá se esguinzó el tobillo”, determino. “Aquel nene tiene fiebre”, imagino. Y así voy endilgándoles pestes e hipocondrías. Busco darles contexto, un trasfondo. Busco distraerme del trabajo que se avecina.
Pero hay que tener cuidado cuando uno busca demasiado, porque puede encontrar algo que no quiere, e, incluso, algo que ni siquiera entraba dentro de sus posibilidades.
Una vez vi a un hombre de blanco. Bueno, de remera blanca. Parado afuera de la guardia. En mi habitual paneo, buscando diagnosticar desconocidos, lo vi. Él ya me estaba mirando. Me incomodó mucho. No sabría explicarlo, pero me sacó las ganas de jugar ese día.
La situación se repitió unos días después, pero con una nena. Llevaba un pantalón blanco. Yo acababa de sentenciar que un señor tenía apendicitis cuando la vi. Mi inquietud y mi reacción fueron iguales que antes.
Cuando la semana siguiente vi que un adolescente que tenía un buzo blanco me miraba de la misma forma, combatí la incomodidad y me acerqué a él. Le pregunté quién era. Él sonrió, miró para otro lado e hizo un gesto con la cabeza para que volteara. Lo hice y, al ver que no había nada, me volví hacia él. Pero ya no estaba. Les pregunté a las otras personas que había ahí. Ninguna entendió. Una señora me dijo que me vio hablando solo. “¿Estás bien?”, me preguntó. “Sí”, le mentí.
Desde ese día, cambié mi recorrido. Prefiero caminar dos cuadras más antes que arriesgarme a ver de nuevo las miradas de las personas de blanco.
Si pasan por la guardia del Hospital Eurnekian, recomiendo no buscar nada ni a nadie.
Pero cada uno sabrá.
Esto No Está Chequeado | Sección no basada en hechos reales | Cualquier semejanza con la realidad es mala puntería | Contacto: ezeizaediciones@yahoo.com.ar
Nueva edición | 13-11-25
Ya puede conseguirse en todos los kioscos de diarios y revistas del distrito de Ezeiza (Barrio Uno, Canning, José María Ezeiza, Tristán Suárez y Carlos Spegazzini) la edición papel Nº 1605 del semanario La Palabra de Ezeiza del jueves 13 de noviembre de 2025. Valor: $700.
Lágrimas de saúco
—Cuidado con la lluvia.
Esa misma noche, Aldo soñó con un viaje. Junto a su nuevo bastón visitó paisajes de películas como El Señor de los Anillos. Despertó con esa sensación tan vívida de haber estado allí: olores, voces, sensaciones… Participó de la ceremonia del té en los jardines de Gales, bebió el mejor whisky en Escocia… y hasta rockanroleó con los Rolling Stones.
Al día siguiente se realizaba el Café Literario Arltistas Locales, en Ezeiza. El pronóstico del clima no era bueno y retumbaba en su mente: “Cuidado con la lluvia”. Fue, y entre las charlas y los libros, el tiempo voló.
A la hora de marcharse, comenzó a llover. Tomó su bastón y lo protegió con su piloto. Empezó a caminar. Una ráfaga abrió su abrigo y un par de gotas mojaron al bastón. Tenía que llegar al auto; un trecho más y estaría a salvo. Pero un dolor punzante atravesó su pecho. El bastón se retorció, como si buscara la lluvia. Su cuerpo, cada vez más entumecido, pareció recorrido por algo que lo iba transformando. Sintió desesperación: miró sus manos y eran ramas. Todo su cuerpo fue cambiando. Cayó en un pozo oscuro, intentó sujetarse… solo abrazó el vacío…
Cuando despertó, la lluvia había cesado, pero no podía moverse. Solo sus ojos respondían a su voluntad. Estaba en medio de la plaza. Vio venir al hombre de la tienda de bastones.
—Le advertí lo de la lluvia —dijo, mientras arrancaba una rama, que era uno de sus brazos.
Intentó gritarle, pero solo emitió un silbido parecido al viento. “Es mi mente —pensó—. Si cierro los ojos, voy a despertar”.
El extraño se alejó cada vez más.
Ahora, sus días de saúco transcurren dando sombra a la gente que viene a la plaza a tomar sus matecitos. Un niño acarició su tronco y sus ojitos se posaron en los suyos. Alzó su manito y secó sus lágrimas.
—Mamá, el árbol está llorando.
—No, mi amor —respondió su madre—, es savia que segregan en respuesta a un daño.
El niño volvió a mirarlo y le regaló una sonrisa.
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Nueva edición | 06-11-25
Ya puede conseguirse en todos los kioscos de diarios y revistas del distrito de Ezeiza (Barrio Uno, Canning, José María Ezeiza, Tristán Suárez y Carlos Spegazzini) la edición papel Nº 1604 del semanario La Palabra de Ezeiza del jueves 6 de noviembre de 2025. Valor: $700.
Silencio en el teatro
—Qué raro un lunes —pensé, y me metí despacito para chusmear.
De a poquito fui pasando hasta que quedé frente al escenario. Preguntaba y preguntaba, pero nadie sabía. Solo me miraban callados.
Un chico, arriba del escenario, vestido de blanco, se sentaba en una silla que estaba justo debajo de la única luz. No había música de fondo. Mirando al público, susurró:
—Qué loco… siempre quise estar aquí, y ahora no sé qué hacer…
—No hagas nada… —respondió una voz desde la penumbra.
Él, con la cabeza gacha y las manos sobre las rodillas, comentó:
—Es que no sé qué decir.
—No digas nada… —lanzó otra voz.
—Tranquilo, amigo, no pasa nada —lo consoló uno del fondo.
—Relajate, que está todo bien… —agregó una voz femenina.
De esta manera lo fueron animando, y él se fue relajando, quieto en su silla. En su rostro se dibujaba una sonrisa. El silencio se hizo profundo y bello, interrumpido suavemente por el rugir de alguna locomotora de la estación.
El chico estuvo sentado unos cuarenta minutos, sonriéndole a un público que, a su vez, mudo, lo apreciaba.
Se levantó despacio, saludó con una reverencia y, ante una platea eufórica que se ponía de pie para aplaudirlo, se retiró entre bravos y hurras.
Tanta fue la repercusión que corrió la recomendación. Muchos pedían ver la actuación y el sector de Cultura fue avasallado por un grupo de fanáticos que reclamaban que la obra se repitiera.
De esta manera volvió a verse el cartel en la vereda: “Lunes, 19 horas: Silencio”.
Se dio una y otra y otra vez, y la gente seguía llenando el teatro. Algo sucedía en Ezeiza: después de verla, todos y todas se veían más alegres, felices, cordiales, simpáticos.
Miles pasaron. Duró meses, casi un año, hasta que un día el chico decidió hacer una obra nueva. En el cartel de la vereda se leía: “Lunes, 19 horas: La Voz”. Nadie asistió.
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